Os he dicho alguna vez que os quiero mucho?? Pero mucho, mucho?
Gracias a todas por ofreceros a pasarme el capitulo que no se me grabó en the evil video.
(((FList)))
Y para que veais que no todo son entradas de drama queen (que si, que la anterior lo era) un regalito para vosotras.
Un fic huddy (aunque no lo parezca en esta primera parte) post-Forever (ese capitulo me trastornó) que no se si va a ser UST, RST o nr-18 y eso lo teneis que decidir vosotras. Lo pongo aquí porque como a
cuddly_girl no van ni las moscas...
Día libre
por Anasyx
House caminaba por los pasillos del Princeton-Plainsboro. Aquella mañana era bastante aburrida. Incluso cambiaría la palabra “bastante” por “mortalmente” y todavía se quedaría corto describiéndola. Era tan aburrida que le estaban entrando ganas de pasar consulta y todo. Sus ayudantes la pasaban por él aquel día ya que no tenían ningún gran caso desde hacía varios días. Mucho tiempo sin acción, pensó mientras entraba en su despacho.
Cogió la pelota que estaba sobre la mesa y se puso a jugar con ella haciéndola rebotar contra la pared. Al rato se cansó de hacerlo, el golpeteo contra la pared no le dejaba pensar con claridad y se le estaba durmiendo la mano. Su mente funcionaba a mil por hora haciendo conexiones por pura diversión. Pensaba en una enfermedad y luego en sus síntomas y en su posible cura. Él era el maestro, no quería perder esa agilidad mental adquirida por los años y que alguno de sus chicos le superase. Menudo bochorno pasaría. Él, Greg House, que siempre se enorgullecía de ser el mejor medico del hospital. Hasta Cuddy también lo dijo alguna vez, sobre todo cuando lo estuvo defendiendo del maligno Vogler. No se lo había dicho nunca, y seguramente ni se lo diría porque tenía una reputación que mantener, pero se sentía agradecido hacia ella, por contratarle cuando en otros hospitales no querían oír hablar de él, por luchar con uñas y dientes por su puesto, incluso jugándose el suyo.
El pensar en Cuddy le hizo tener una idea. Mirando su reloj de pulsera y lanzando un gruñido de frustración al ver que todavía faltaban horas para que hicieran “Hospital General” se levantó poco a poco. La pierna le estaba doliendo desde hacía rato así que sacó el bote de vicodinas del bolsillo de su chaqueta y se tomó una. Últimamente se tomaba muchas vicodinas y casi no le hacían efecto, ya que el dolor persistía. Sin embargo todavía no se había atrevido a ponerse la morfina que había robado del hospital ya que eso si que lo convertiría en un adicto de verdad y hasta en un yonky si lo apuraban. No quería estar pendiente de estar pinchándose varias veces al día para calmar el dolor. Mucha gente tomaba pastillas, pero muy poca se pinchaba.
Cogió su bastón y se encaminó al despacho de Cuddy. No había antídoto mejor contra el aburrimiento que esas batallas dialécticas con su jefa. Desde siempre había sido así. En sus tiempos universitarios ya era una costumbre meterse con una jovencísima Lisa Cuddy que no se amedrentaba en contestar a uno de los chicos de los últimos cursos de carrera en la biblioteca. Que tiempos aquellos. Y que poco le gustaba recordarse ahí, cuando era un joven alegre y despreocupado que podía caminar, y hasta correr, sin el jodido bastón que ahora era su amigo inseparable.
El despacho de Cuddy estaba en la planta baja, al lado de la clínica, junto al mostrador de las enfermeras más cotillas que House había conocido. Ya que gracias a su cojera no podía subir ni bajar por las escaleras, cogió un ascensor repleto de gente.
-Doctor House! Como está? –vaya, tenía que haberse esperado al siguiente ascensor para no tener que codearse con alguien de la raza humana que no fuera Cuddy. Había pensado en ignorar el saludo pero...
-Doctor Simmons! Que tal le va? –dijo con excesiva amabilidad- Todavía no se ha tomado su whisky mañanero?
La sonrisa del doctor Simmons se borró enseguida y fue sustituida por una mirada de odio mientras que él volvía a mirar al frente con una sonrisa en los labios. Pobre doctor Simmons, todavía no se había anestesiado él mismo. El ascensor se sumió en un silencio absoluto pero House podía sentir las miradas de la gente hacia su persona. Así que se puso a silbar. Solo para entretenerse y descolocar un poco más a la gente que estaba ahí. Sabía que era un puzzle que ni su mejor amigo Wilson podía montar enteramente porque él se encargaba de esconder alguna de las piezas.
Se abrieron las puertas en la planta baja del Hospital y House salió al vestíbulo. Echó un vistazo al despacho de Cuddy y supo que algo no iba bien. O al menos había algo que no le cuadraba en esa escena. Estaba totalmente a oscuras. Fue hacia él y abrió la primera puerta. Allí había varios archivadores con los historiales de los últimos pacientes tratados, facturas y quien sabía que... conociendo a Cuddy tal vez hasta la lista de la compra con los productos por orden alfabético, pero eso no le interesaba. Cogió el pomo de la puerta que llevaba al despacho de Cuddy. Cerrado. Dio media vuelta y salió al vestíbulo.
-Es que ella se quedó con la caja de preservativos ayer por la noche cuando lo hicimos en su despacho –dijo percatándose que la enfermera que estaba en el mostrador no le quitaba ojo de encima.
No debía de preocuparse por ella, seguramente estaría en una reunión fuera del hospital. Pero él había conseguido la agenda de ella por métodos extraoficiales, se la había cogido cuando no estaba en su despacho y se había entretenido leyéndola hasta que la había visto entrar, y no vio ninguna reunión en ese día. Cuddy era la organización en persona y apuntaba todas sus cosas en esa agenda. Incluso apuntó su cena, porque no fue una cita, con Wilson.
Miró hacia donde estaban las consultas y tuvo el impulso de ir hacia ellas a ver lo que hacían sus subordinados. Era increíble, tan aburrido estaba que tenía ganas de pasar consulta? Si Cuddy se enterara elevaría su ceja hasta casi rozar el nacimiento del pelo y pondría una sonrisa irónica. Que demonios, a él no le apetecía pasar consulta porque Cuddy le obligaba a ello y a él le gustaba cuando se enfadaba. También porque un catarro o curar heridas no es que le excitara ni lo más mínimo. Sin embargo si pudiera encontrar un buen caso...
Sin pensarlo dos veces tomó el ascensor y fue directamente al despacho de Wilson. No le apetecía rebuscar entre los expedientes de Cuddy y odiaba preguntar cosas a las enfermeras.
Sin tocar la puerta entró en el despacho de su amigo.
-Tienes algún pobrecito moribundo al que pueda salvar? –dijo a modo se saludo
Wilson, que estaba leyendo un expediente de algún paciente, le sonrió alzando la vista de la lectura.
-Desgraciadamente, y a no ser que encuentres la cura contra el cáncer, todos mis pacientes tienen cáncer.
-Lástima –dijo sentándose en la silla y dejando el bastón contra la mesa- Pensaba que hoy podía divertirme un poco.
-Define divertir
-Hacer una punción lumbar siempre es divertido. O una biopsia. O...
-Sí, vale –le interrumpió Wilson- Te he entendido. Hacerles pruebas a veces innecesarias a los pacientes es divertido. Y cuanto más dolorosas sean más divertido aún.
-Me conoces demasiado, dentro de poco te prometeré amor eterno –movió las pestañas sugerentemente.
Wilson sonrió bajando la mirada hacia los informes que tenía en la mesa.
-A que has venido House. Tengo trabajo que hacer.
-Ya te lo he dicho. Te ofrezco mis servicios hasta que empiece “Hospital General”
-Quieres ayudarme a rellenar estos informes?
-Oye que te he ofrecido mis servicios como médico, no como secretaria. Tengo unas piernas demasiado peludas para ponerme minifalda.
Ambos amigos rieron. House se acordó de Cuddy esa noche de hacía ya algún tiempo que la encontró saliendo del hospital con esa minifalda de tenis. Ella que tenía unas piernas bonitas y bien formadas para lucirlas. Él apenas quería mirar las suyas por esa cicatriz que tenía en la pierna derecha.
-Hablando de minifaldas... que le pasa a Cuddy? Hoy no esta en su despacho.
El oncólogo parpadeó varias veces.
-Espera, espera... una minifalda te recuerda a Lisa? Estas peor de lo que pensaba.
-Y tu ahora la llamas por su nombre de pila. A ver si te enteras, lo vuestro no fue una cita.
-Tu como lo sabes? Acaso ella te dijo algo antes que yo os interrumpiera?
House dudó un segundo sobre lo que decirle a su amigo. Debía decirle lo que sabía? La verdad? Wilson se veía muy ilusionado por haber tenido una cita con Cuddy como para decirle que en realidad buscaba un padre para su hijo y que parecía que él no había dado la talla. Demasiado cruel incluso para él. Así que puso su mejor cara de poker.
-Sí claro, como que Cuddy me iba a decir algo sobre vuestra cita –hizo el gesto de comillas con los dedos cuando pronunció esa palabra- Solo estábamos hablando de si se ponía cuero o simplemente llevaba el látigo en nuestra sesión de sexo desenfrenado de todos los martes.
Menuda imagen mental que le había venido a la cabeza de Cuddy vestida con un traje de cuero negro, con un escote, mucho, y un látigo en la mano. El contraste de esos ojos azules y esos labios, en su imaginación pintados de rojo pasión, con la piel morena y enfundada en ese traje tan ceñido...
-House, estás bien? –maldito Wilson, siempre hablando en el peor momento.
-Sí, sí –carraspeó varias veces mientras se movía en la silla- es que te estaba imaginando así vestido y chico, me he quedado traumatizado durante unos segundos.
-Seguro que era a mí a quien te imaginabas –dijo Wilson con toda la intención del mundo.
-A quien iba imaginar sino? A Cuddy? Por dios –se hizo el escandalizado enfatizando su voz con movimiento de manos- que es nuestra jefa, que clase de pervertido eres que piensas en ella de ese modo?
Parecía que aún con el numerito que acababa de montar Wilson no se lo creía ni lo más mínimo porque lo miraba con escepticismo. Así que quiso cambiar de tema.
-Cree el ladrón... –dijo Wilson antes que pudiera decir nada.
-Si, ya, tu escúdate en frases hechas para negar lo innegable. Por cierto porque no ha venido hoy nuestra encantadora jefa? Su despacho esta cerrado.
-Me parece que he oído decir que se tomaba el día libre. Me ha parecido un poco raro en Cuddy, pero ella sabrá.
-Cuddy y día libre no son palabras compatibles y es bastante extraño en ella. Por qué lo habrá hecho? –dijo frunciendo el entrecejo.
-Ahora que no tienes pacientes te dedicas a psiconoanalizarla? Tio, estás peor de lo que yo creía.
-No la estoy psicoanalizando solo que...
-Te parece raro –le interrumpió Wilson- A todos nos lo ha parecido, creo que hasta Willy el de mantenimiento le ha parecido, pero eso no indica que las cosas vayan mal.
Se quedaron callados un momento. El oncólogo volvió a prestar atención a los informes haciendo oídos sordos al repiqueteo del bastón que su amigo golpeaba contra el suelo. House todavía pensaba en su jefa y en las razones que le habían impulsado tomarse el día libre. Si se acordaba bien, y House estaba seguro de que sí porque tenía memoria de elefante, desde que él trabajaba en el hospital Cuddy no había cogido ni un día libre, y a veces hasta trabajaba los fines de semana y en festivos. Incluso cuando hacia esas fiestas tan ostentosas para recaudar fondos al día siguiente se encontraba en su mesa firmando las facturas. Por eso que ese día no fuera a trabajar no le parecía raro, le parecía un jodido expediente x.
-Crees que estará en su casa? –preguntó de pronto.
-Que? Oh, no, no, no –exclamó Wilson levantando la mirada y viendo como House cogía el bastón para levantarse- Ni se te ocurra.
-Que ni se me ocurra ir a comer? Que acaso me quieres matar de hambre y yo no me he enterado?
-No vas a ir a la cafetería, vas a la casa de Cuddy.
Ayudándose por el bastón se levantó y se encaminó hacia la puerta de la consulta de su amigo.
-De eso nada, voy a aprovechar que no está la jefa para sablearles a los de la cafetería un par de filetes debajo de la ensalada.
-Me prometes que no vas a ir a casa de Cuddy? –suspiró Wilson todavía no muy convencido.
-Te lo prometo, mamá –dijo House saliendo por la puerta mientras cruzaba dos dedos por detrás de la espalda.
Continuará
Y la encuesta...
[Poll #904283]
Gracias a todas por ofreceros a pasarme el capitulo que no se me grabó en the evil video.
(((FList)))
Y para que veais que no todo son entradas de drama queen (que si, que la anterior lo era) un regalito para vosotras.
Un fic huddy (aunque no lo parezca en esta primera parte) post-Forever (ese capitulo me trastornó) que no se si va a ser UST, RST o nr-18 y eso lo teneis que decidir vosotras. Lo pongo aquí porque como a
Día libre
por Anasyx
House caminaba por los pasillos del Princeton-Plainsboro. Aquella mañana era bastante aburrida. Incluso cambiaría la palabra “bastante” por “mortalmente” y todavía se quedaría corto describiéndola. Era tan aburrida que le estaban entrando ganas de pasar consulta y todo. Sus ayudantes la pasaban por él aquel día ya que no tenían ningún gran caso desde hacía varios días. Mucho tiempo sin acción, pensó mientras entraba en su despacho.
Cogió la pelota que estaba sobre la mesa y se puso a jugar con ella haciéndola rebotar contra la pared. Al rato se cansó de hacerlo, el golpeteo contra la pared no le dejaba pensar con claridad y se le estaba durmiendo la mano. Su mente funcionaba a mil por hora haciendo conexiones por pura diversión. Pensaba en una enfermedad y luego en sus síntomas y en su posible cura. Él era el maestro, no quería perder esa agilidad mental adquirida por los años y que alguno de sus chicos le superase. Menudo bochorno pasaría. Él, Greg House, que siempre se enorgullecía de ser el mejor medico del hospital. Hasta Cuddy también lo dijo alguna vez, sobre todo cuando lo estuvo defendiendo del maligno Vogler. No se lo había dicho nunca, y seguramente ni se lo diría porque tenía una reputación que mantener, pero se sentía agradecido hacia ella, por contratarle cuando en otros hospitales no querían oír hablar de él, por luchar con uñas y dientes por su puesto, incluso jugándose el suyo.
El pensar en Cuddy le hizo tener una idea. Mirando su reloj de pulsera y lanzando un gruñido de frustración al ver que todavía faltaban horas para que hicieran “Hospital General” se levantó poco a poco. La pierna le estaba doliendo desde hacía rato así que sacó el bote de vicodinas del bolsillo de su chaqueta y se tomó una. Últimamente se tomaba muchas vicodinas y casi no le hacían efecto, ya que el dolor persistía. Sin embargo todavía no se había atrevido a ponerse la morfina que había robado del hospital ya que eso si que lo convertiría en un adicto de verdad y hasta en un yonky si lo apuraban. No quería estar pendiente de estar pinchándose varias veces al día para calmar el dolor. Mucha gente tomaba pastillas, pero muy poca se pinchaba.
Cogió su bastón y se encaminó al despacho de Cuddy. No había antídoto mejor contra el aburrimiento que esas batallas dialécticas con su jefa. Desde siempre había sido así. En sus tiempos universitarios ya era una costumbre meterse con una jovencísima Lisa Cuddy que no se amedrentaba en contestar a uno de los chicos de los últimos cursos de carrera en la biblioteca. Que tiempos aquellos. Y que poco le gustaba recordarse ahí, cuando era un joven alegre y despreocupado que podía caminar, y hasta correr, sin el jodido bastón que ahora era su amigo inseparable.
El despacho de Cuddy estaba en la planta baja, al lado de la clínica, junto al mostrador de las enfermeras más cotillas que House había conocido. Ya que gracias a su cojera no podía subir ni bajar por las escaleras, cogió un ascensor repleto de gente.
-Doctor House! Como está? –vaya, tenía que haberse esperado al siguiente ascensor para no tener que codearse con alguien de la raza humana que no fuera Cuddy. Había pensado en ignorar el saludo pero...
-Doctor Simmons! Que tal le va? –dijo con excesiva amabilidad- Todavía no se ha tomado su whisky mañanero?
La sonrisa del doctor Simmons se borró enseguida y fue sustituida por una mirada de odio mientras que él volvía a mirar al frente con una sonrisa en los labios. Pobre doctor Simmons, todavía no se había anestesiado él mismo. El ascensor se sumió en un silencio absoluto pero House podía sentir las miradas de la gente hacia su persona. Así que se puso a silbar. Solo para entretenerse y descolocar un poco más a la gente que estaba ahí. Sabía que era un puzzle que ni su mejor amigo Wilson podía montar enteramente porque él se encargaba de esconder alguna de las piezas.
Se abrieron las puertas en la planta baja del Hospital y House salió al vestíbulo. Echó un vistazo al despacho de Cuddy y supo que algo no iba bien. O al menos había algo que no le cuadraba en esa escena. Estaba totalmente a oscuras. Fue hacia él y abrió la primera puerta. Allí había varios archivadores con los historiales de los últimos pacientes tratados, facturas y quien sabía que... conociendo a Cuddy tal vez hasta la lista de la compra con los productos por orden alfabético, pero eso no le interesaba. Cogió el pomo de la puerta que llevaba al despacho de Cuddy. Cerrado. Dio media vuelta y salió al vestíbulo.
-Es que ella se quedó con la caja de preservativos ayer por la noche cuando lo hicimos en su despacho –dijo percatándose que la enfermera que estaba en el mostrador no le quitaba ojo de encima.
No debía de preocuparse por ella, seguramente estaría en una reunión fuera del hospital. Pero él había conseguido la agenda de ella por métodos extraoficiales, se la había cogido cuando no estaba en su despacho y se había entretenido leyéndola hasta que la había visto entrar, y no vio ninguna reunión en ese día. Cuddy era la organización en persona y apuntaba todas sus cosas en esa agenda. Incluso apuntó su cena, porque no fue una cita, con Wilson.
Miró hacia donde estaban las consultas y tuvo el impulso de ir hacia ellas a ver lo que hacían sus subordinados. Era increíble, tan aburrido estaba que tenía ganas de pasar consulta? Si Cuddy se enterara elevaría su ceja hasta casi rozar el nacimiento del pelo y pondría una sonrisa irónica. Que demonios, a él no le apetecía pasar consulta porque Cuddy le obligaba a ello y a él le gustaba cuando se enfadaba. También porque un catarro o curar heridas no es que le excitara ni lo más mínimo. Sin embargo si pudiera encontrar un buen caso...
Sin pensarlo dos veces tomó el ascensor y fue directamente al despacho de Wilson. No le apetecía rebuscar entre los expedientes de Cuddy y odiaba preguntar cosas a las enfermeras.
Sin tocar la puerta entró en el despacho de su amigo.
-Tienes algún pobrecito moribundo al que pueda salvar? –dijo a modo se saludo
Wilson, que estaba leyendo un expediente de algún paciente, le sonrió alzando la vista de la lectura.
-Desgraciadamente, y a no ser que encuentres la cura contra el cáncer, todos mis pacientes tienen cáncer.
-Lástima –dijo sentándose en la silla y dejando el bastón contra la mesa- Pensaba que hoy podía divertirme un poco.
-Define divertir
-Hacer una punción lumbar siempre es divertido. O una biopsia. O...
-Sí, vale –le interrumpió Wilson- Te he entendido. Hacerles pruebas a veces innecesarias a los pacientes es divertido. Y cuanto más dolorosas sean más divertido aún.
-Me conoces demasiado, dentro de poco te prometeré amor eterno –movió las pestañas sugerentemente.
Wilson sonrió bajando la mirada hacia los informes que tenía en la mesa.
-A que has venido House. Tengo trabajo que hacer.
-Ya te lo he dicho. Te ofrezco mis servicios hasta que empiece “Hospital General”
-Quieres ayudarme a rellenar estos informes?
-Oye que te he ofrecido mis servicios como médico, no como secretaria. Tengo unas piernas demasiado peludas para ponerme minifalda.
Ambos amigos rieron. House se acordó de Cuddy esa noche de hacía ya algún tiempo que la encontró saliendo del hospital con esa minifalda de tenis. Ella que tenía unas piernas bonitas y bien formadas para lucirlas. Él apenas quería mirar las suyas por esa cicatriz que tenía en la pierna derecha.
-Hablando de minifaldas... que le pasa a Cuddy? Hoy no esta en su despacho.
El oncólogo parpadeó varias veces.
-Espera, espera... una minifalda te recuerda a Lisa? Estas peor de lo que pensaba.
-Y tu ahora la llamas por su nombre de pila. A ver si te enteras, lo vuestro no fue una cita.
-Tu como lo sabes? Acaso ella te dijo algo antes que yo os interrumpiera?
House dudó un segundo sobre lo que decirle a su amigo. Debía decirle lo que sabía? La verdad? Wilson se veía muy ilusionado por haber tenido una cita con Cuddy como para decirle que en realidad buscaba un padre para su hijo y que parecía que él no había dado la talla. Demasiado cruel incluso para él. Así que puso su mejor cara de poker.
-Sí claro, como que Cuddy me iba a decir algo sobre vuestra cita –hizo el gesto de comillas con los dedos cuando pronunció esa palabra- Solo estábamos hablando de si se ponía cuero o simplemente llevaba el látigo en nuestra sesión de sexo desenfrenado de todos los martes.
Menuda imagen mental que le había venido a la cabeza de Cuddy vestida con un traje de cuero negro, con un escote, mucho, y un látigo en la mano. El contraste de esos ojos azules y esos labios, en su imaginación pintados de rojo pasión, con la piel morena y enfundada en ese traje tan ceñido...
-House, estás bien? –maldito Wilson, siempre hablando en el peor momento.
-Sí, sí –carraspeó varias veces mientras se movía en la silla- es que te estaba imaginando así vestido y chico, me he quedado traumatizado durante unos segundos.
-Seguro que era a mí a quien te imaginabas –dijo Wilson con toda la intención del mundo.
-A quien iba imaginar sino? A Cuddy? Por dios –se hizo el escandalizado enfatizando su voz con movimiento de manos- que es nuestra jefa, que clase de pervertido eres que piensas en ella de ese modo?
Parecía que aún con el numerito que acababa de montar Wilson no se lo creía ni lo más mínimo porque lo miraba con escepticismo. Así que quiso cambiar de tema.
-Cree el ladrón... –dijo Wilson antes que pudiera decir nada.
-Si, ya, tu escúdate en frases hechas para negar lo innegable. Por cierto porque no ha venido hoy nuestra encantadora jefa? Su despacho esta cerrado.
-Me parece que he oído decir que se tomaba el día libre. Me ha parecido un poco raro en Cuddy, pero ella sabrá.
-Cuddy y día libre no son palabras compatibles y es bastante extraño en ella. Por qué lo habrá hecho? –dijo frunciendo el entrecejo.
-Ahora que no tienes pacientes te dedicas a psiconoanalizarla? Tio, estás peor de lo que yo creía.
-No la estoy psicoanalizando solo que...
-Te parece raro –le interrumpió Wilson- A todos nos lo ha parecido, creo que hasta Willy el de mantenimiento le ha parecido, pero eso no indica que las cosas vayan mal.
Se quedaron callados un momento. El oncólogo volvió a prestar atención a los informes haciendo oídos sordos al repiqueteo del bastón que su amigo golpeaba contra el suelo. House todavía pensaba en su jefa y en las razones que le habían impulsado tomarse el día libre. Si se acordaba bien, y House estaba seguro de que sí porque tenía memoria de elefante, desde que él trabajaba en el hospital Cuddy no había cogido ni un día libre, y a veces hasta trabajaba los fines de semana y en festivos. Incluso cuando hacia esas fiestas tan ostentosas para recaudar fondos al día siguiente se encontraba en su mesa firmando las facturas. Por eso que ese día no fuera a trabajar no le parecía raro, le parecía un jodido expediente x.
-Crees que estará en su casa? –preguntó de pronto.
-Que? Oh, no, no, no –exclamó Wilson levantando la mirada y viendo como House cogía el bastón para levantarse- Ni se te ocurra.
-Que ni se me ocurra ir a comer? Que acaso me quieres matar de hambre y yo no me he enterado?
-No vas a ir a la cafetería, vas a la casa de Cuddy.
Ayudándose por el bastón se levantó y se encaminó hacia la puerta de la consulta de su amigo.
-De eso nada, voy a aprovechar que no está la jefa para sablearles a los de la cafetería un par de filetes debajo de la ensalada.
-Me prometes que no vas a ir a casa de Cuddy? –suspiró Wilson todavía no muy convencido.
-Te lo prometo, mamá –dijo House saliendo por la puerta mientras cruzaba dos dedos por detrás de la espalda.
Continuará
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(no subject)
Date: 2009-05-26 11:35 pm (UTC)(no subject)
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